educadoras y estudiantes

Dos terceras partes de los adultos analfabetos son mujeres (565 millones de personas). Una de cada cuatro niñas no asiste a al escuela mientras que en los niños el porcentaje es de uno de cada seis1.

La pobreza, unida con siglos de discriminación, impide a un gran número de niñas ir a la escuela. La tradición social las mantiene en casa restringida a las labores domésticas y al cuidado de sus hermanos menores hasta que el cabeza de familia acuerda un matrimonio. Las niñas que llegan a asistir a la escuela están, a menudo, demasiado cansadas para estudiar o para rendir lo suficiente.

Dentro de la escuela, la discriminación también existe, siendo las niñas y jóvenes, vulnerables al acoso y violencia sexual.

El valor de invertir en la educación de las niñas ha sido reconocido internacionalmente. La igualdad de género y la autonomía de la mujer, promovidas desde la educación, repercute directamente en su entorno inmediato familiar y local en una mejora de la sanidad y la educación. La educación de las mujeres hasta su grado máximo posible la prepara para participar en la gestión pública con evidentes repercusiones positivas en la creación de estrategias de desarrollo comunitario a medio y largo plazo.

La educación dota a las mujeres de libertad para acceder al conocimiento; para desenvolverse en el ámbito público y privado con mayor autonomía; para acceder a un trabajo remunerado y para mejorar la salud materno-infantil. La educación de las niñas es un derecho humano fundamental y está vinculado a todos los demás derechos. Está consagrado en la Convención de los Derechos de la Infancia (CRC) y en la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). El Artículo 28 de la CRC obliga a los gobiernos a "Implantar la enseñanza primaria obligatoria y gratuita para todos". El Artículo 2 refuerza la igualdad de género, garantizando todos los derechos de todos los niños sin distinciones de ninguna clase.

Además de la lucha por el acceso a la educación de las niñas y jóvenes, se deben intensificar los esfuerzos en incorporar la perspectiva de género al sistema educativo. Esta medida pasa por favorecer un equipo docente de mujeres. En los países en desarrollo, el porcentaje de mujeres docentes se reduce drásticamente a medida que aumenta el nivel de estudios. Si bien en el reducido número de centros de atención infantil (pre-escolar, jardines de infancia...) la práctica totalidad de educadoras son mujeres; en la primaria la proporción es de una maestra por cada veinte maestros; reduciéndose hasta la práctica ausencia en enseñanzas superiores.


1.-Datos del informe de la UNESCO para la comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI.


Philoméne, Educadora de Agricultoras

Agnès, maestra de infantil

La niña de las palomitas

Promotoras Rurales

Estudios para el futuro